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NEWS WEEK: Hay turbulencia en el techo del mundo

NEWS WEEK: Hay turbulencia en el techo del mundo

El Dalai Lama - News Week en español

Escrito por Marco Antonio Karam
NEWSWEEK (en Espanol)
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La identidad nacional tibetana y la profunda devoción que su pueblo siente por su líder temporal y espiritual el Dalai Lama, no solo han perdurado sino que se han fortalecido a pesar de que ya han transcurrido más de 60 años desde la invasión ilegal de su territorio por parte del Ejército Popular de Liberación en 1950. A la fecha, el Partido Comunista Chino ha hecho todo para exterminar la identidad de la cultura tibetana: La sobreexplotación de sus recursos naturales, una activa política de asimilación, consistente en la masiva transferencia de colonos chinos Han al Tibet, así como de la prohibición de la enseñanza de la lengua tibetana como primer idioma en el sistema educativo local, tortura a los disidentes, permanente presencia militar, e intensas campañas de adoctrinamiento ideológico marxista (al menos en cuanto a lo político y religioso, ya que evidentemente, el aspecto económico está más cerca del rampante capitalismo que del comunismo).

Bajo la premisa de la defensa de la soberanía, China sistemáticamente rechaza cualquier opinión internacional que se incline hacia el respeto de los derechos humanos de los tibetanos. Para el Partido Comunista, el asunto es de vital interés y por ello alegan que los puntos de vista de extranjeros son intromisiones indebidas en asuntos internos.

China ha buscado que Nepal deje de ser la parada obligada de los refugiados en su camino a la India, así como imponer estrictos controles a las comunidades de tibetanos ahí establecidos.

El diálogo sino-tibetano es ya virtualmente inexistente y las intermitentes y cada vez menos frecuentes reuniones con el Departamento de Trabajo del Frente Unido del Partido Comunista han llegado técnicamente a su desaparición. La situación se ha deteriorado a tal nivel, que en junio de 2012, los emisarios del Dalai Lama renunciaron a su cargo.

Las grandes manifestaciones del 2008 de Lhasa al este del Tíbet, regiones en las que antes no se habían dado levantamientos y ahora son el centro de una serie de autoinmolaciones, principalmente de monjes budistas, y también de civiles, son muestras de descontento sin precedentes. Esto nos ha demostrado que el fortalecimiento de las políticas represivas de China, lejos de aplastar el espíritu del pueblo tibetano, han promovido su resistencia.

De acuerdo con cifras de la Campaña Internacional por el Tibet, entre febrero del 2009 y septiembre del 2012 se reportaron más de 52 de autoinmolaciones, a lo que el gobierno chino respondió reforzando la seguridad, con detenciones de cientos de tibetanos y prohibición de entrada a extranjeros. China incluso ha negado el permiso a las visitas de periodistas independientes así como a representantes de diversas organizaciones tanto gubernamentales como no gubernamentales que pretenden cubrir o investigar lo que verdaderamente está sucediendo en Tíbet.

Podemos deducir que los líderes chinos esperan la muerte del Dalai Lama para intentar seleccionar ellos a quien habrá de llevar ese cargo y así, asegurar el control de la población tibetana. ¿De qué otra forma puede explicarse que un gobierno materialista y ateo posea un programa denominado “Medidas de manejo para la reencarnación de Budas vivientes en el budismo tibetano”?

Uno de los más importantes referentes de esta estrategia de manipulación política se gestó en 1995 cuando agentes de seguridad chinos secuestraron a un niño de seis años formalmente reconocido como la reencarnación del Panchen Lama (segundo personaje en importancia en la estructura espiritual de la tradición guelugpa del budismo tibetano) para entonces intercambiarlo por un impostor al servicio del aparato de seguridad interior de la República Popular China. Ahora que este niño ha crecido, comienza a aparecer de forma pública, con lo que podemos observar cómo empieza a utilizársele como herramienta en la persecución de su agenda política.

Ante estos sucesos, S.S. el Dalai Lama ha expresado su rechazo hacia el hecho de que sean líderes chinos quienes identifiquen a su sucesor e incluso ha llegado a aseverar que su renacimiento no se dará dentro del Tíbet.

El Dalai Lama inclusive ha dejado de lado su rol político al jubilarse y renunciar a su puesto vitalicio como jefe de la Administración Tibetana en el Exilio, dejándole al Dr. Lobsang Sangay, el primer ministro democráticamente electo por la comunidad tibetana en el exilio, la responsabilidad total de la autoridad ejecutiva de la Administración Central Tibetana. Si bien esta ha sido una transición democrática, el gobierno chino denuncia al gobierno en el exilio como un agente político separatista que traiciona a su patria y que carece de cualquier tipo de legitimidad.

La postura internacional ante el conflicto ha variado. El aislamiento en el que viviera el Tíbet hasta 1940 influye en la forma en que se han desenvuelto los acontecimientos. Por un tiempo, el Tíbet fue una pieza en el juego de ajedrez geopolítico de Rusia, La India inglesa y China. Sin embargo, al culminar la era imperial, el gobierno indio buscó establecer tratos con China para hacer una especie de frente contra el imperialismo. Posteriormente, el gobierno estadounidense consideró que China sería buena aliada en la Guerra de Corea. Así, a razón del incremento del poder que la República Popular en el juego geopolítico mundial, el interés por defender la causa tibetana o al menos reconocer su validez, se debilita en los discursos de los gobiernos. A menos, claro, que se les afecte directamente o pueda beneficiarlos de alguna forma.

Por otra parte, un factor importante que influye en la postura de los gobiernos ante el tema, es el creciente interés y la presión que ejercen los movimientos internacionales que apoyan la causa tibetana y al Dalai Lama. Independientemente del tema político, como líder religioso, al Dalai Lama se le debe reconocer su autoridad moral y debe respetarse su libertad de credo. Sin embargo, esto es algo que también molesta sobremanera al gobierno chino.

Este conflicto nos habla sobre cómo una dictadura puede negarse a practicar una política de tolerancia a la diversidad dentro de su régimen. El gobierno chino ha mostrado una actitud bastante cerrada en lo que respecta al respeto de perspectivas críticas a su mandato. Se ha llegado a retirar la licencia de práctica a abogados especializados en derechos humanos que han defendido a tibetanos acusados de algún crimen.

La parte afortunada es que incluso en el interior de China, sin importar la inclemente e incesante campaña de propaganda anti-tibetana, el prejuicio de los habitantes chinos se ha ido debilitando. Aunque también es cierto que el gobierno aumenta la mano dura contra todo aquello que pueda desestabilizar su régimen.

Habrá que ver si es posible construir un mundo en el que las personas y su sufrimiento, así como la genuina democracia y la libertad, valgan más que los términos geoestratégicos. La lucha por el Tíbet no es en contra de China, sino a favor del respeto igualitario al bienestar y libertad de los individuos.

Karam es presidente de Casa Tibet México www.casatibet.org.mx

Data noticia: 
Dimecres, 3 Octubre, 2012
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