Lobsang Sangay, como excusa

Diario Deia

EL sucesor político de SS el Dalai Lama se llama Lobsang Sangay; es el nuevo primer ministro del gobierno tibetano en el exilio. Tenzin Giatso, el Dalai Lama, deja de ser el líder espiritual y político de los tibetanos, para convertirse únicamente en el líder espiritual; algo que se puede calificar como un acontecimiento trascendental para millones personas en el mundo y muy especialmente para el pueblo tibetano, tan negado y machacado en su historia por un monstruo de potencia mundial como es China.

China niega toda legitimidad y representación, tanto al Dalai Lama como a la organización gubernamental y en el exilio por él hasta ahora liderada. Nadie, mundialmente, reconoce a su gobierno pues nadie quiere inquietar a China. Sin embargo, la solidaridad y simpatías internacionales hacia la causa que representa y hacia su nación, Tíbet, son bien manifiestas, si biencreo que pueden ser aún mayores; su causa merece la pena ser entendida y atendida.

Como vasco, intentaré dar mi aliento a un pueblo que no es reconocido como nación y menos aún como estado. Como persona, intentaré ponerme en el pellejo de unos marginados dentro de un mundo que se dirige demencialmente hacia la desigualdad más insultante. Y como hombre de fe, me esforzaré en aplaudir el gesto y la sabiduría del Dalai Lama al despojarse de una parte indisoluble de lo que hasta ahora ha significado su figura. Advierto, mi fe no es patrimonio de ninguna religión; menos aún, de ninguna de las monoteístas. Veamos. Lobsang Sangay, al convertirse en el heredero y/o continuador de una causa hasta ahora representada por otra figura, le encuentro un parecido a lo que para nosotros los vascos representó D. Jesús María de Leizaola tras la muerte de nuestro primer lehendakari, D. José Antonio Agirre y Lekube. Los vascos, al igual que los tibetanos, no tenemos nuestros derechos políticos, culturales y sociales reconocidos; nuestros territorios se desdibujan en los mapas por obra y gracia de tres grandes potencias y/o estados: China, Francia y España. Árdua tarea la que le viene encima a Lobsang Sangay. Nosotros, los vascos, bien sabemos de exilios y de sinsabores en nuestro largo camino hacia la recuperación de nuestra soberanía. Ellos, también.

Gustosamente y para la ocasión iré a rebufo del grito lanzado por el veterano y joven, a sus 93 años, Stéphane Hessel. ¡Indignaos! En primer lugar creo que el Planeta Tierra está enfermo, que lo estamos infectando nosotros los que lo habitamos, que el daño que le estamos infligiendo es de una gravedad extrema. Al igual que una plaga, el hombre está arrasando el planeta. La diferencia salvaje entre ricos y pobres es la referencia asesina. El egoísmo y la ignorancia se han convertido en nuestro yin-yang de identidad. Hay que llorar esta deriva asesina. La democracia como ideal de organización colectiva es una entelequia en manos de poderes económicos ocultos. La democracia que conocemos es la capitalista; no existe una democracia a secas. Cada nación y/o estado tiene su democracia; también capitalista. China está basculando del comunismo hacia el capitalismo en base a su particular sistema. El socialismo como ideal de justicia social y de humanidad nunca existió. Los pueblos no constituidos como naciones-estado reivindican un lugar que no existe; tienen que crearlo y para ello se encuentran con la fuerza que se lo impide o con la fuerza que ellos provocan. Violencia en definitiva. Violencia por la pobreza masiva existente y violencia por la cultura del egoísmo y la ignorancia; de la deshumanización. La religión, en vez de unir, también divide. El catolicismo, por poner un ejemplo bien cercano, con su exclusividad en la interpretación de lo divino, niega la realidad y la emoción a cualquier otra religión que no sea la suya; y negar es violentar. El islam no le va a la zaga. El catolicismo vive de la democracia capitalista; el islam del feudalismo. La religión mosaica al amparo del Estado judío es como un mal presagio de todos los males bíblicos imaginables; y si no que se lo pregunten al pueblo palestino. A mi modesto modo de comprender., el Budismo nos puede ayudar mucho individual y colectivamente, pues no invade ni altera ningún sistema cívico-cultural-político; y el ejemplo del paso dado por el Dalai Lama así lo pone de manifiesto. También pienso que quizás El Tao sea el auténtico camino. La ansiedad por tener, por gastar, por ahorrar, por comprar., por sumar… nos desvía del auténtico camino de la felicidad.

No existe la felicidad cuando el egoísmo y la envidia son los verdaderos motores del forzadoengranaje social-convivencial; de la diferencia asesina entre ricos y pobres. Toda la tecnología existente y de consumo masivo, virtual e innecesario nos aleja más y más de la naturaleza. Toda la basura que producimos mata la vida, la auténtica, la que nos da de vivir. Yo también llamo a una revolución humanista. A una sublevación animada de limpia espiritualidad. A un cambio de paradigma y a un progreso-regresivo; o a una retro-proyección, tal y como plantea desde hace muchos años Salvador Paniker.

Porque se puede progresar creando condiciones de vida para todo elmundo. Cuidando el planeta Tierra. Reculturizándonos. Dándole carpetazo a la democracia capitalista. Desterrando el egoísmo y la ignorancia. Siendo creativos y plenos para una vida individual y colectiva finita que se transmite, que se hereda, que sigue. El cambio se producirá cuando despertemos y dejemos de delegar individualmente nuestra espiritualidad; porque hemos perdido nuestra autonomía, nuestra libertad, por haber delegado algo que debiera de ser íntimo e instrasferible. Sí, nuestro crecimiento individual y colectivo estálastrado por esta grave deficiencia.

Así es como el ateísmo, e incluso el agnosticismo, han creado una cultura histórica de respuesta a ésta falla de libertad individual; una defensa intelectual forzada por un agobio vital. Un materialismo puro y duro. Enseñar, unir, formación académica y espiritualidad es la base para que nuestro desarrollo, en tanto en cuanto que sociedad-humanidad, corrija los desastres y las diferencias salvajes hoy existentes entre los hombres y mujeres, pueblos y naciones del mundo. La espiritualidad es individual, creativa y solidaria; asociativa desde la libertad y el compromiso. No necesita de templos ni de templarios. Toda diferencia biológica, ideológica y de riqueza existente puede corregirse y entenderse desde otra perspectiva a partir de ésta reeducación y reubicación existencial. Creo que un cambio de paradigma es posible si recuperamos lo que ignorantemente hemos delegado, por acción u omisión. Finalizo. Larga vida a Lobsang Sangay y al pueblo tibetano. Mucha salud para el Dalai Lama. Y un deseo de sana y humana revolución para mi Euskadi del alma, siempre desde la no-violencia y de un I+D+i pleno de equilibrio espiritual y material; ejemplo para sí misma y para el resto de pueblos y naciones del mundo. Que las causas del Tibet de Euskadi sean fuente de luz yde esperanza. ¡Manos a la obra!

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