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Hoy
conmemoramos el 45º aniversario del Levantamiento Popular Tibetano
de 1959. Quiero rendir homenaje a los muy valientes hombres y mujeres
tibetanos que dieron sus vidas por la causa de la libertad tibetana. Se
les recordará siempre.
Este
año se cumplen 50 años desde mi visita a China en 1954,
para conocer a los líderes de entonces y en particular, a Mao Tse-Tung.
Recuerdo muy bien que emprendí el viaje seriamente preocupado por
el futuro del Tíbet. Todos los líderes a quienes conocí
me aseguraron que la presencia china en el Tíbet iba encaminada
al bienestar de los tibetanos y a "ayudar al desarrollo" del
Tíbet. Durante mi estancia en China también aprendí
sobre el internacionalismo y el socialismo, que me impresionó mucho.
Así que regresé al Tíbet lleno de optimismo y con
la confianza de que se llegaría a una coexistencia pacífica
y de mutuo beneficio. Desafortunadamente, al poco tiempo de mi regreso,
China se vió envuelta en un revuelo político que se desató
debido a sus radicales campañas políticas. Estos acontecimientos
tuvieron un impacto importante sobre la política china hacia el
Tíbet dando lugar a una mayor represión y rigidez, que culminó
con el Levantamiento Popular Tibetano en marzo de 1959.
Confío
en que este año 2004 se obtenga un avance importante en nuestras
relaciones con el Gobierno chino. Igual que en 1954, sigo empeñado
en no dejar piedra por mover en la búsqueda de una solución
de mutuo beneficio tanto para los problemas y preocupaciones de China
como para lograr una vida en libertad, paz y dignidad del pueblo tibetano.
A pesar de las décadas de separación que nos hemos visto
obligados a soportar, el pueblo tibetano sigue depositando en mí
una enorme confianza y esperanza. Siento la gran responsabilidad de actuar
como su portavoz en libertad. El hecho de que el presidente Hu Jintao
tenga conocimiento de la situación y los problemas del Tíbet
puede ser un factor positivo a la hora de resolver la cuestión
tibetana. Estoy, por lo tanto, dispuesto a reunirme con los líderes
actuales de la República Popular de China en un intento de conseguir
una solución de mutuo acuerdo para el problema tibetano.
Mis enviados establecieron contacto directo con el Gobierno chino en dos
viajes a China en septiembre 2002 y mayo/junio 2003. Esto constituyó
un avance positivo y reconfortante que comenzó bajo la presidencia
de Jiang Zemin. El problema del Tíbet es complejo y de crucial
importancia tanto para el pueblo tibetano como para el chino. Por lo tanto,
requiere unas cuidadas consideraciones y unas serias deliberaciones antes
de que se pueda tomar ninguna decisión. Conducir este proceso a
una conclusión con éxito llevará tiempo, paciencia
y determinación. Sin embargo, considero que es de la máxima
importancia mantener el ímpetu e intensificar y profundizar este
proceso mediante unas serias reuniones y discusiones regulares cara a
cara. Esta es la única forma de disipar la desconfianza y los malentendidos
que existen así como de aumentar la confianza.
Por lo tanto, he dado instrucciones a mis enviados para que visiten China
lo antes posible para continuar con este proceso y espero que puedan realizar
este viaje con prontitud. Esto ayudará a fomentar la confianza
en el proceso actual, tanto entre los tibetanos como entre nuestros amigos
y simpatizantes de todo el mundo, aunque muchos de ellos se mantienen
bastante escépticos sobre la buena voluntad de Beijing para entablar
un verdadero proceso de acercamiento y diálogo.
La situación actual en el Tíbet no beneficia ni a los tibetanos
ni al Gobierno de la República Popular de China. Los proyectos
de desarrollo que el Gobierno chino ha puesto en marcha en el Tíbet
- supuestamente para beneficiar al pueblo tibetano - tienen, sin embargo,
unos efectos negativos sobre la particular identidad cultural, religiosa
y lingüística del pueblo tibetano. Cada vez llegan más
colonos chinos al Tíbet, lo cual da lugar a la marginación
económica y cultural del pueblo tibetano. Los tibetanos necesitan
una mejora en su calidad de vida, que se restaure el medio ambiente del
Tíbet y que haya libertad para decidir sobre un modelo apropiado
de desarrollo.
Me
alegro mucho por la puesta en libertad de Ani Phuntsok Nyidrol, sin dejar
de reconocer la injusticia de su condena, y seguimos pidiendo que se ponga
en libertad a todos los presos políticos en el TIBET ya que no
se ha visto ninguna mejora significativa en la situación de los
derechos humanos en el Tíbet. Las violaciones de los derechos humanos
están diseñadas para impedir que los tibetanos, como pueblo,
ejerzan su propia identidad y cultura. Dichas violaciones son el resultado
de unas políticas de discriminación racial y cultural y
de la intolerancia religiosa.
Sobre
este fondo, nos alientan y agradecemos a los muchos individuos, gobiernos
y parlamentos de todo el mundo que han pedido a la República Popular
de China que resuelva la cuestión del Tíbet mediante unas
negociaciones pacíficas. Encabezada por la Unión Europea
y los Estados Unidos, la comunidad internacional se está dando
cuenta cada vez más que el tema del Tíbet no consta sólo
de violaciones de derechos humanos, sino que además tiene una naturaleza
política más profunda que merece ser resuelta mediante unas
negociaciones.
También me dan ánimos las recientes mejoras en las relaciones
entre la India y China. Siempre había considerado que una mayor
comprensión y unas mejores relaciones entre la India y China, las
dos naciones más pobladas del mundo, eran de suma importancia para
la paz y la estabilidad de Asia en concreto, y del mundo en general. Creo
que unas mejores relaciones entre ambos países crearán un
ambiente político más propenso a una solución pacífica
de la cuestión tibetana. También estoy convencido de que
la India puede y debe jugar un papel constructivo y decisivo en la resolución
del problema tibetano. Mi "Método del Camino de en Medio'
debería considerarse como una política sobre el Tíbet
aceptable para la India, ya que enfoca el tema tibetano dentro del marco
de la República Popular de China. Una solución al tema tibetano
mediante este método también ayudaría a que la India
resolviera muchas de sus disputas con China.
Han pasado 54 años desde que se estableció la República
Popular de China. Durante el mandato de Mao Zedong se puso mucho énfasis
en la ideología, mientras que Deng Xiaoping se centró principalmente
en el desarrollo económico. Su sucesor, Jiang Zemin, amplió
la base del Partido Comunista al permitir que la gente adinerada pudiera
unirse a dicho partido bajo su teoría de "Los Tres Representantes".
Recientemente, Hu Jintao y sus colegas han logrado una transición
pacífica del liderazgo y durante las últimas décadas
China ha progresado mucho, pero también ha habido defectos y fallos
en varios sectores, incluyendo el económico. Una de las causas
principales de dichos defectos y fallos parece ser la incapacidad de tratar
la verdadera situación actual y de actuar en consecuencia. Para
conocer la verdadera situación actual es necesario que haya libertad
de información.
China está atravesando un proceso de cambio profundo. Creo que
para que este cambio se haga con suavidad y sin caos ni violencia es esencial
que haya más apertura y mayor libertad de información y
concienciación entre el público. Debemos buscar la verdad
entre los hechos, unos hechos no falsificados. Sin esto, China no puede
pretender lograr una verdadera estabilidad. ¿Cómo puede
haber estabilidad, si hay que esconder las cosas y la gente no puede expresar
sus verdaderos sentimientos?
Soy
optimista de que China se abrirá más y se hará más
democrática. Durante muchos años he luchado para que el
cambio y la transformación de China se hiciera con suavidad y sin
grandes trastornos, lo cual beneficiará no sólo al pueblo
chino sino también a la comunidad internacional.
La
aparición de China como una potencia regional y global trae consigo
preocupaciones, desconfianza y miedo sobre su poder. El hecho de que sea
el anfitrión para los Juegos Olímpicos y la Expo no ayudará
a disipar dichas preocupaciones. Si Beijing no trata la falta de derechos
civiles y políticos básicos de sus ciudadanos, especialmente
en relación a las minorías, China seguirá enfrentándose
a dificultades a la hora de tranquilizar al mundo de que es una potencia
pacífica, responsable, constructiva y con vistas hacia el futuro.
La cuestión tibetana representa un reto y una oportunidad para
que una China en vías de madurez actúe como un jugador global
emergente con vistas hacia el futuro y con unos valores de apertura, libertad,
justicia y veracidad. El tratar la cuestión del Tíbet de
forma constructiva y flexible hará mucho para crear un clima político
de confianza y apertura, tanto nacional como internacionalmente. Una resolución
pacífica de la cuestión tibetana tendría un impacto
positivo de gran alcance sobre la transición y la transformación
de China en una sociedad moderna, abierta y libre. Existe ahora, pues,
una gran oportunidad para que el liderazgo chino actúe con coraje
y visión de futuro en la resolución de la cuestión
tibetana de una vez por todas.
Quisiera aprovechar esta ocasión para expresar mi aprecio y gratitud
al apoyo constante que hemos recibido en todo el mundo. También
quisiera expresar una vez más, en nombre de los tibetanos, nuestro
aprecio e inmensa gratitud al Gobierno de la India por su inquebrantable
e incomparable generosidad y apoyo.
Con
mis oraciones para el bienestar de todos los seres conscientes,
El
Dalai Lama
10
de marzo 2004
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