Hoy conmemoramos el cuarenta y tres aniversario del Levantamiento del Pueblo Tibetano. Sin embargo yo siempre he considerado el presente y el futuro más importante que el pasado.
El mundo está muy afectado por el problema del terrorismo como consecuencia del 11 de septiembre. En el plano internacional, la mayoría de gobiernos están de acuerdo en que hay una urgente necesidad de unir esfuerzos para combatir el terrorismo y ya se han tomado una serie de medidas. Desgraciadamente, las medidas actuales no tienen un enfoque que considere a largo plazo y de forma amplia las causas del terrorismo. Lo que hace falta es una estrategia bien estructurada, a largo plazo para promover de forma global una cultura de no-violencia y diálogo. La comunidad internacional debe asumir la responsabilidad de dar un apoyo fuerte y eficaz a los movimientos no-violentos que están comprometidos con los cambios pacíficos. De otra forma, se verá como hipocresía el condenar y combatir a los que se han sublevado con cólera y desesperación, ignorando al mismo tiempo a los que han optado firmemente por la moderación y el diálogo como una alternativa constructiva a la violencia.
Hemos de sacar lecciones de las experiencias pasadas. Si miramos atrás hacia el siglo pasado, la causa más devastadora de sufrimiento humano ha sido la cultura de la violencia para resolver diferencias y conflictos. El desafío ante nosotros es pues, hacer de este nuevo siglo XXI, un siglo de diálogo en donde los conflictos se resuelven sin violencia.
En las sociedades humanas, siempre habrá diferencia de opiniones e intereses. De todas maneras, la realidad hoy es que somos todos interdependientes y tenemos que coexistir unos con otros, en este pequeño planeta. Como resultado la única manera sensata e inteligente de resolver las diferencias y choque de intereses hoy, tanto entre individuos, comunidades o naciones, es a través del diálogo, con un espíritu de compromiso y reconciliación. Necesitamos investigar, desarrollar y trasmitir este espíritu de no-violencia e invertir en estos esfuerzos tantos recursos como lo hacemos para defensa militar.
En el contexto de la tensa atmósfera política actual, las autoridades chinas en Tíbet han continuado sometiendo durante el año pasado a los tibetanos dentro de Tíbet, a enormes violaciones de los derechos humanos, incluyendo persecución religiosa. Esto ha llevado a un creciente número de tibetanos a huir de Tíbet para encontrar refugio en otro lugar. En el último verano, la expulsión de miles de monjes tibetanos y chinos de un Instituto de Enseñanza Budista Tibetano en Serthar en el este de Tíbet, destacaba la intensidad y aumento de la represión en Tíbet. Estos abusos de derechos, son un claro ejemplo de cómo los tibetanos están desprovistos de su derecho a mantener y preservar su propia identidad y cultura.
Creo que muchas de las violaciones de los derechos humanos en Tíbet, son resultado de la sospecha, falta de confianza y verdadera comprensión de la cultura y religión tibetana. Como ya he dicho muchas veces en el pasado, es extremadamente importante que los dirigentes chinos lleguen a un mejor y más profundo conocimiento y apreciación de la cultura y civilización tibetana budista. Apoyo totalmente la sabia declaración de Deng Xiaoping de que hemos de "buscar la verdad a partir de los hechos". Así pues nosotros tibetanos debemos aceptar el progreso y las mejoras que han tenido los tibetanos al gobernar China el Tíbet, y reconocerlo. Al mismo tiempo, las autoridades chinas deben entender que los tibetanos han soportado tremendos sufrimientos y destrucción durante las pasadas cinco décadas. El anterior Panchen Lama en su última alocución en Shigatse, el 24 de enero de 1989, declaró que el hecho de que los chinos gobernaran Tíbet, había traído más destrucción que beneficio al pueblo tibetano.
La Cultura Budista de Tíbet, inspira a los tibetanos con valores y conceptos de compasión, perdón, paciencia y respeto por todas las formas de vida, que son de beneficio práctico y convenientes en la vida diaria y por esto deseamos preservarla. Desgraciadamente nuestra Cultura Budista y forma de vida están en vías de total extinción. La mayoría de planes chinos de "desarrollo" en Tíbet, están diseñados para integrar completamente a Tíbet en la sociedad y cultura chinas y abrumar a los tibetanos demográficamente trasladando a un gran número de chinos a Tíbet. Esto demuestra tristemente que la política china en Tíbet, continúa dominada por los "ultra izquierdistas" en el gobierno, a pesar de los profundos cambios llevados a cabo por el gobierno chino y el partido en otros puntos de la República Popular China. Esta política es perjudicial para una nación orgullosa y una cultura como la China y contraria al espíritu del siglo XXI.
Las tendencias globales hoy van hacia una mayor apertura, libertad, democracia y respeto por los derechos humanos. No importa lo grande y poderosa que sea China, ésta continúa siendo aún parte del mundo. Antes o después, China tendrá que seguir la tendencia del mundo. En los próximos meses y años, el proceso de cambio que ya ha tenido lugar en China, se acelerará. Como monje budista, me gustaría que China, que es el hogar de casi un cuarto de la entera populación del mundo, lleve a cabo este cambio de forma pacífica. El caos y la inestabilidad únicamente conduce a una mayor escalada de derramamiento de sangre y tremendos sufrimientos para millones de personas. Esta situación también tendría serias consecuencias para la paz y la estabilidad de todo el mundo. Y como ser humano, es mi sincero deseo que nuestros hermanos y hermanas chinos disfruten de libertad, democracia, prosperidad y paz.
El que los próximos cambios en China traigan una nueva vida y nueva esperanza para Tíbet y que China se establezca como miembro fidedigno, constructivo, pacífico y en lugar destacado de la comunidad internacional, depende de que China continúe definiéndose a sí misma principalmente por su dimensión, número, poder militar y económico, o si decide comprometerse con valores y principios humanos universales y definir su fuerza y grandeza a través de ellos.
Esta decisión de China a su vez, estará influenciada en gran manera por la actitud y política de la comunidad internacional hacia este país. Siempre he destacado la necesidad de llevar a Beijing a los principales escenarios de la democracia mundial y me he pronunciado en contra de la idea de aislar y contener a China. Intentar hacer esto, sería moralmente incorrecto y políticamente poco práctico. En cambio siempre he aconsejado una política de compromiso responsable y de principios con el gobierno chino.
Es mi sincero deseo que los líderes chinos encuentren valentía, sabiduría y visión para solucionar el tema tibetano a través de negociaciones. Crear un clima político que condujera a una suave transición de China hacia una nueva era, no sería únicamente útil sino que también la imagen de China se vería encumbrada en todo del mundo. Esto tendría un fuerte impacto positivo en la gente de Taiwán y contribuiría mucho a mejorar las relaciones sino-indias inspirando verdadera confianza y seguridad. Los tiempos de cambio son también tiempo de oportunidades. Creo realmente que un día tendremos la oportunidad de diálogo y de paz porque no hay ninguna otra opción ni para China ni para nosotros. El actual estado de los acontecimientos en Tibet, no contribuye en nada a mitigar los agravios de los tibetanos ni trae estabilidad ni unidad a la República Popular China. Tarde o temprano, los mandos de Beijing tendrán que afrontar este hecho. Por mi parte yo continúo confiando en el proceso de diálogo. Tan pronto como haya una señal positiva de Beijing, los representantes designados por mi, estarán a punto para entrevistarse con oficiales del gobierno chino donde sea, en cualquier momento.
Mi postura respecto a la situación de Tibet es clara. No estoy buscando independencia. Como he dicho ya muchas veces anteriormente, lo que busco es que se les de a los tibetanos la oportunidad de tener una autonomía legítima para poder preservar su civilización y para que la singular cultura, religión, la lengua y forma de vida tibetanas prosperen y florezcan. Para esto es esencial que los tibetanos puedan dirigir sus asuntos domésticos y determinar libremente su desarrollo social, económico y cultural.
En el exilio nosotros continuamos con la democratización del gobierno tibetano. En marzo pasado, yo informé a los representantes electos de la Asamblea de los Diputados del Pueblo Tibetano que los exilados tibetanos debían elegir el próximo Kalon Tripa (Presidente del Gabinete Tibetano). Consecuentemente, el pasado agosto por primera vez en la historia de Tibet, los exiliados tibetanos eligieron directamente a Samdhong Rinpoche como el nuevo Kalon Tripa por un margen de más de 84% del total de votos emitidos. Este es un gran paso hacia delante en el continuado crecimiento de la democracia en nuestra comunidad tibetana en el exilio. Espero que en el futuro Tibet podrá también disfrutar de un gobierno elegido democráticamente.
Aprovecho esta oportunidad par agradecer a numerosas personas, incluyendo miembros de gobierno, parlamentos y organizaciones no-gubernamentales que han dado soporte de forma continuada a nuestra lucha no violenta por la libertad. Nos alienta ver que universidades, escuelas, grupos religiosos y sociales, comunidades artísticas y empresariales, así como gentes con otras muchas formas de vida diferentes, han llegado también a entender el problema de Tíbet y están ahora expresando su solidaridad con nuestra causa. De la misma manera, hemos podido también establecer cordiales y amistosas relaciones con colegas budistas chinos, personas chinas corrientes que viven en el extranjero y en Taiwán. La simpatía y el apoyo mostrado hacia nuestra causa, por un creciente número de hermanos y hermanas chinos bien informados, tiene para nosotros tibetanos, un significado especial y es de gran aliento. Aprovecho esta oportunidad para rendir tributo y rogar por los muchos hermanos y hermanas chinos que han hecho tremendos sacrificios por la libertad y democracia en China. Ante todo me gustaría expresar en nombre de los tibetanos nuestro agradecimiento al pueblo y Gobierno de India, por su insuperable generosidad y ayuda. El creciente apoyo internacional a Tíbet refleja la inherente empatía humana y solidaridad con el sufrimiento humano y el aprecio internacional por la verdad y la justicia. Pido a gobiernos, parlamentos y a nuestros amigos que continúen su apoyo y esfuerzos con un renovado impulso de dedicación y vigor.
Finalmente, rindo homenaje a los valerosos hombres y mujeres de Tíbet que han sacrificado y continúan sacrificando sus vidas por la causa de nuestra libertad y ruego para que finalice pronto el sufrimiento de nuestro pueblo.
El Dalai Lama
10 marzo 2002