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Newsweek en Español: Nómadas en “tierra de nadie”

Newsweek en Español: Nómadas en “tierra de nadie”

Cómo las políticas chinas arriesgan la existencia de los pastores tibetanos.
Por: Matteao Mecacci*
08 Sep 2017


EN EL VERANO de este año, en Cracovia, Polonia, se tomó la decisión de darle la distinción de Patrimonio Mundial de la UNESCO a una vasta extensión de lagos y humedales del Techo del Mundo, el Tíbet. La nominación china para la distinción del Patrimonio Cultural es indicativa de las ambiciosas y vastas políticas que se ciernen sobre la meseta tibetana; que literalmente está transformando el paisaje de la más grande y alta meseta del mundo.
La marca del Patrimonio Mundial de la UNESCO es altamente preciada y buscado —ya que trae más turistas—, y China está desarrollando el Tíbet como un destino turístico masivo. Esta aprobación por el Comité del Patrimonio Mundial es un resultado que el gobierno chino había buscado, teniendo en cuenta una reunión importante entre los más altos dirigentes, la cual se llevó a cabo el 18 octubre de 2016. Se espera que el presidente y dirigente del Partido Comunista, Xi Jinping, consolide su poder durante el 19 Congreso del Partido Comunista en Pekín.

Pero existen consecuencias inesperadas al otorgar este reconocimiento de marca de la UNESCO a esta parte del Tíbet. El área en discusión ante el Comité del Patrimonio Mundial durante este verano fue la reserva natural de Hoh Xil, en la meseta tibetana (Anchen Gangyap, en tibetano), una zona frágil que es el origen de varios ríos, que cubre un área del doble de Bélgica y que es rica en vida salvaje, incluyendo al icónico antílope tibetano o chiru, el cual fue elegido como la mascota para los Juegos Olímpicos de Pekín de 2008.

Aunque China ha descrito el área como “tierra de nadie”, debería ser llamada, más adecuadamente, como una tierra de nómadas. Los pastores tibetanos han hecho uso hábil del paisaje árido en esta zona, a lo largo de la meseta, durante siglos, coexistiendo pacíficamente con la vida salvaje y protegiendo la tierra. Un tibetano, Sonam Dargye, se ha vuelto una leyenda después de haber sido asesinado con arma de fuego por cazadores furtivos, a causa de sus esfuerzos de salvar a los antílopes.

El involucramiento de los tibetanos —y de los nómadas en particular— como administradores, es esencial para el mantenimiento del bienestar de los ecosistemas, a largo plazo, y para el manejo sustentable de los recursos hídricos. Del agua de estas áreas dependen China y Asia.

Pero, a pesar de estas razones, el reconocer esta área como un Patrimonio Mundial requiere la aceptación tácita por parte de la UNESCO, de las elaboradas y ambiciosas políticas de Estado chinas, que buscan entre otras cosas el desterrar a los nómadas tibetanos de sus propias tierras.

Las políticas oficiales del Partido Comunista Chino, de confiscar tierras pastorales y desplazar a los nómadas, les da a las autoridades un mayor control administrativo sobre las personas, sus movimientos y estilos de vida; ello significa que, desde el año 2000, decenas de miles de pastores tibetanos han sido obligados a matar su ganado y mudarse a colonias habitacionales, dentro o cerca de pueblos, por lo cual abandonan su manera tradicional de vida. Muchos tibetanos nómadas de Hoh Xil y sus zonas adyacentes, que son fuentes de ríos, ya han sido desplazados de sus tierras a áreas urbanas, incluyendo el centro petroquímico e industrial de Golmud (en tibetano, Gormo), en Qinghai, donde son forzados a vivir en complejos de concreto, en los cuales enfrentan enormes dificultades, debido a las diferencias culturales, sociales y lingüísticas, y a la desventaja competitiva ante los trabajadores chinos, lo que los lleva a una mayor pobreza, al rompimiento del tejido social y al deterioro del medioambiente.

Estas políticas no solo amenazan a uno de los últimos sistemas sustentables de pastoreo del mundo, sino que la evidencia científica muestra que atentan contra la supervivencia de los pastizales y de la biodiversidad tibetanas. Existe consenso global en torno a que, al asentar a los nómadas, se va en contra de la evidencia de que el pastoreo baja el impacto de la degradación de los pastizales; ello apunta a que la movilidad del ganado asegura la vitalidad de las zonas de pastos y ayuda a mitigar los impactos negativos del calentamiento global.

China ha anunciado recientemente que considera el transformar una vasta área de la meseta de Qinghai en un gran parque nacional. En el orden superficial esto parece ser un acto positivo, pero ¿no fue acaso el dalái lama quien propuso que se reconociera al Tíbet como una zona de paz? ¿Y no dijo el presidente Xi Jinping que quería que China fuera una “civilización ecológica”?

Pero este acontecimiento no es lo que parece. Cuando un área es declarada parque nacional dentro de China, el pastoreo está prohibido, ya que esta actividad de uso de tierra está etiquetada como una “amenaza”; y así lo son también las actividades tradicionales tibetanas de los pastores, como el recolectar hierbas medicinales. Esto significa la remoción de los nómadas que han protegido el paisaje por largo tiempo y que se amenaza la supervivencia del pastoreo, los modos de vida y la cultura tibetana a lo largo de la meseta.

Y mientras los tibetanos son expulsados, los turistas chinos y el personal de seguridad están permitidos. El estatus de Parque Nacional es impuesto desde arriba y hacia abajo, poniendo al Estado como el único que tiene control y que ignora las inquietudes y el conocimiento de la gente local.

Estos hechos son de una preocupación que va en aumento, incluso dentro de China. Un creciente número de profesores chinos y expertos en zonas de pastizales se han vuelto críticos de las políticas chinas, arguyendo que es una serie de leyes erróneas las que han causado la degradación y sobreexplotación de los pastizales y no los pastores. Más de 200 artículos de investigación han sido publicados dentro de China, los cuales documentan los descubrimientos científicos en torno a hallazgos que ya no confirman la narrativa dominante del liderazgo chino.

El profesor Li Wenjun es una de estas voces; ha encontrado que el asentar forzadamente grandes cantidades de pastores, dentro de pueblos, solo exacerba la pobreza y empeora la escasez de agua. En los estudios publicados ha dicho que las prácticas de pastoreo benefician a la tierra. “Argüimos que un sistema de producción de alimentos, como la de los pastores tibetanos, que ha sido sostenible por siglos, usando poca agua, es el mejor que existe”, escribió en un artículo reciente.

Otros eruditos chinos han sido profundamente influenciados por los valores espirituales que subyacen en la relación nómada con el entorno. Un nómada tibetano nos explicó: “Las tierras de pastizales son tanto como la fuente y el hogar de la vida para los ganaderos y pastores tibetanos. Nosotros los tibetanos, desde tiempos ancestrales, hemos estado viviendo en los prados rodeados por montañas coronadas de nieve y bajo el cielo azul. Dependemos principalmente de la cría de animales, nuestra gente ha comido bien y ha vivido feliz por generaciones y generaciones. Creemos en el budismo. Hemos vivido en armonía con la naturaleza. Es esto lo que hace a nuestra cultura tibetana única, y hace que llame la atención de los países desarrollados”.

Cuando los más altos líderes de China se encuentren en Pekín para el Congreso del Partido Comunista, en octubre, harían bien en considerar la cuestión de la “civilización ecológica” del Tíbet, más allá de la retórica del partido. Como el Tercer Polo, el Tíbet es la fuente de los más importantes ríos de Asia y de importancia crítica para el resto del mundo, no solo para el Tíbet y la gente de China.

Este es un tiempo crucial para escuchar a los tibetanos, quienes están al frente de un habilidoso trabajo para proteger el medioambiente; también a aquellos dentro de la República Popular China que entienden que el desplazar a los nómadas tibetanos de sus pastizales hacia guetos de concreto o ciudades industriales es profundamente contraproductivo, lo que arriesga la aniquilación de una forma de vida sustentable, adaptada endémicamente al duro paisaje de la alta meseta.

Como concluye el ambientalista Lu Zie: “Nosotros los chinos comúnmente nos preguntamos qué funciona mejor: leyes basadas en el castigo o incentivos económicos basados en recompensas financieras. Pero el sistema budista es totalmente diferente: proviene de lo más profundo del corazón de la gente”.

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* El autor es presidente de la Campaña Internacional por el Tíbet (Traducción: Marco A. Karam)

Data noticia: 
Dimarts, 12 Setembre, 2017
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