Casa del Tibet

Notícies

LA VANGUARDIA/EFE: China esgrime el progreso económico del Tíbet para justificar su legitimidad

LA VANGUARDIA/EFE: China esgrime el progreso económico del Tíbet para justificar su legitimidad

20/09/2016
Análisis - Rafael Cañas

Lhasa (China), 20 sep (EFE).- Las autoridades chinas esgrimen el progreso económico del Tíbet, espoleado por una auténtica explosión del turismo, como argumento para justificar de cara al exterior su política en el Tíbet, la aislada región del suroeste de China.

El reciente viaje de un grupo de corresponsales extranjeros (entre los que estaba Efe, que no pudo entrar en Tíbet durante diez años) que organizaron las autoridades ha mostrado el indudable avance económico, pero también la progresiva implantación de empresas e inmigrantes del resto de China.

Bajo el eslogan "verlo para creerlo", las autoridades presumen de los avances en infraestructuras construidas, como 40.000 kilómetros de carreteras, electrificación o acceso al agua corriente.

Además del famoso tren que desde 2006 une Pekín con Lhasa, las autoridades prevén terminar en 2022 el ferrocarril entre Chengdu (capital de la provincia de Sichuan) y un trayecto que se podría hacer en pocas horas.

Pekín y el gobierno regional presumen también de la mejora de todo tipo de indicadores como el PIB regional, el número de hospitales, la educación o la red de asistencia social de Tíbet, un lugar al que en los últimos años han viajado menos periodistas extranjeros que a la hermética Corea del Norte.

Entre los sectores económicos más prósperos, además del turismo, están la minería, los bosques y el alimentario (este último apoyado en la fama de alta calidad de los productos y la poca contaminación de suelos y aguas, pues el agua mineral tibetana es un negocio boyante).

Los corresponsales tuvieron un grado de libertad poco habitual en los viajes de prensa de los últimos años, pues pudieron desplazarse libremente por Lhasa durante algunos breves períodos y hablar con la población, aunque la mayoría elude entrar en la siempre delicada relación con China.

Así, la propietaria de un salón de té tibetano en un pequeño callejón explicaba, casi avergonzada del interés de los extranjeros, que ella y su marido llegaron a Lhasa hace seis años del campo para abrir el establecimiento y que les va "muy bien", incluso si el precio de un litro de té es solo 8 yuanes (un poco más de un euro).

Sin embargo, las preguntas sobre temas políticos generan desconfianza o temor, en una ciudad que no parece haber olvidado los violentos disturbios étnico-religiosos de 2008.

Insistiendo en el anonimato, algunas personas lamentan el creciente protagonismo del mandarín en la educación y la vida diaria o el continuo asentamiento de personas del resto de China.

Uno de los emigrantes, un taxista de etnia han (la mayoritaria en China), explicaba que se mudó al Tíbet atraído por la vida tranquila y los precios accesibles.

Se ven muchos "han" junto a personas de etnia tibetana, y las principales avenidas están pobladas de oficinas de grandes empresas chinas y hasta centros comerciales con algunas tiendas de marcas extranjeras.

En el pueblo de Lulang (al este de Lhasa) se ha construido una especie de "parque Disney" de estética tibetana para turistas, pero los responsables regionales admitieron que la mayoría de sus trabajadores y habitantes no serán tibetanos.

Por muchos lugares de Lhasa paneles luminosos muestran eslóganes oficiales, especialmente sobre armonía étnica: "aumentar la solidaridad étnica para construir una China más hermosa", decía uno.

"Tíbet es un buen ejemplo de unidad étnica", señaló en una reunión el vicepresidente del Gobierno regional, Bianba Zhaxi, quien recalcó el argumento chino de que antes de la "liberación" de 1959 Tíbet vivía bajo un régimen de servidumbre feudal.

Para los grupos de apoyo al exilio tibetano, esta prosperidad esconde la progresiva marginación de la cultura tradicional, lo que "complica a los tibetanos el acceso a la educación y el empleo, mientras que al mismo tiempo el Gobierno chino incita a los chinos 'han' a asentarse en el Tíbet", señala a Efe John Jones, un activista de Free Tibet, con sede en Londres.

"Casi todos los miembros principales del gobierno, la policía y el Ejército" están "en manos de la etnia 'han', miembros del Partido Comunista", añade Jones, quien recalca la región autónoma tibetana "es uno de los lugares más cerrados de la Tierra" en comunicaciones y transporte al exterior.

La relativa libertad del viaje por esta restringida región concluyó en la segunda etapa, en la ciudad de Nyingchi (unos 450 kilómetros al este de Lhasa), donde las autoridades locales mintieron a los periodistas sobre los monasterios budistas en la zona.

Los monasterios han sido en buena parte el centro de la resistencia espiritual tibetana contra Pekín, pero aún así antes del viaje se prometió que se visitarían algunos.

Sin embargo, en Nyingchi las autoridades aseguraron que no había monasterios cerca, pues el más cercano estaba a unos 80 kilómetros y era inaccesible debido a desprendimientos que bloqueaban el acceso.

En realidad, hay al menos uno, el de Lamaling (del siglo VII) a una treintena de kilómetros. Cuando un grupo de periodistas del grupo intentó desplazarse allí en un taxi, fue interceptado por un coche patrulla de la policía y obligado a volver al hotel. EFE

rcf/abc/rml

Data noticia: 
Dimecres, 21 Setembre, 2016
Tipus: 
Altres notícies