Casa del Tibet

Notícies

LA RIOJA: China inaugura la dinastía Xi

LA RIOJA: China inaugura la dinastía Xi

La eliminación del límite de dos mandatos afianza al presidente y deja en evidencia la regresión del país en materia política

ZIGOR ALDAMA SHANGHÁI.
Domingo, 4 marzo 2018

El presidente Xi Jinping es recibido con aplausos a su llegada a la conferencia política celebrada ayer en Pekín. :: Wang zhao / afp/
El presidente Xi Jinping es recibido con aplausos a su llegada a la conferencia política celebrada
ayer en Pekín. :: Wang zhao / afp

Ahora sí. China está a punto de coronar a un nuevo emperador. Mañana comienza la reunión anual de la Asamblea Popular Nacional de China (ANP), el máximo órgano legislativo del país, y todo apunta a que sus casi 3.000 delegados aprobarán la eliminación del límite de dos mandatos que la Constitución impone al presidente y el vicepresidente de la segunda potencia mundial, tal y como propuso a finales de enero el Comité Central del Partido Comunista. De esta forma, Xi Jinping, que ya acumula casi tanto poder como el fundador de la República Popular, Mao Zedong, podrá permanecer en el poder tanto tiempo como desee. Incluso de por vida.

La decisión tiene importantes implicaciones para todo el mundo. En primer lugar, porque, a pesar de que nunca se ha puesto en entredicho ni ha peligrado el liderazgo del Partido Comunista, el relevo en el Ejecutivo sí que garantizaba ligeros cambios en el rumbo del país. Ahora, no obstante, Xi podrá acaparar todo el poder -es secretario general del Partido, jefe de Estado, y presidente de la Comisión Militar Central- sin limitación de tiempo. Eso, según la prensa oficial controlada por el Gobierno, dará a China la estabilidad que necesita para continuar desarrollando la hoja de ruta que el nuevo Gran Timonel ha diseñado para convertir al país en la gran superpotencia del siglo XXI.

No obstante, la historia de la propia China recuerda bien los peligros que esto entraña. De hecho, el límite de dos mandatos de cinco años se introdujo, precisamente, para evitar que el despotismo y la visión de un solo hombre -Mao- pudiesen llevar al país al abismo. Algo que sucedió con el Gran Salto Adelante y la Revolución Cultural entre las décadas de 1950 y 1970. A pesar de ser una férrea dictadura, desde entonces China se ha distanciado de sistemas hereditarios como los de Corea del Norte o Cuba para desarrollar un modelo que garantiza el poder del Partido Comunista, pero que también propicia el relevo de las viejas generaciones para que entren ideas frescas. Eso le ha permitido recuperar el tiempo perdido con Mao en el terreno económico y acercarse tímidamente al ideal del Estado de Derecho.

Pero, ahora, el gigante asiático da un gran paso atrás. «Solo el pueblo chino puede decidir su futuro», afirmó uno de los portavoces del Ministerio de Asuntos Exteriores cuando la prensa extranjera le preguntó por la medida, consciente de la avalancha de críticas que ha recibido. No obstante, el pueblo en China no tiene ni voz ni voto. De hecho, los censores han tenido que hacer horas extra estos días para eliminar de las redes sociales todas las referencias a la iniciativa que, con su astucia habitual, han ideado los internautas chinos en su peculiar juego del gato y el ratón: desde las menciones al emperador, hasta las imágenes de Winnie The Pooh, un oso al que desde hace tiempo se identifica con Xi.

El presidente chino tiene poco del adorable carácter de su versión en dibujo animado. Aunque en 2012 muchos analistas lo describieron como el reformista que China necesitaba para avanzar en el terreno de las libertades y en la apertura de su mercado, Xi ha demostrado tener un carácter casi tan implacable como el de Mao: ha purgado a sus adversarios, ha fomentado un culto a su persona que se reflejará en la inclusión del 'Pensamiento de Xi Jinping para una Nueva Era' en la Constitución, ha endurecido tanto la censura como la exigencia de jurar lealtad al Partido, y ha combatido todo tipo de activismo: desde el político más beligerante, hasta el social más inocuo.

En cualquier caso, su confirmación en el nuevo trono comunista no es exclusivamente un asunto interno. Va a tener repercusión a escala global. Porque Xi también es el presidente chino que ha logrado dar mayor relevancia mundial al país. En todos los sentidos. Ha sido el artífice del ambicioso proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, que supone la creación de un nuevo orden mundial vertebrado no con Occidente como pivote central sino con el mundo en vías de desarrollo como espina dorsal de las oportunidades económicas de este siglo. Desde Asia hasta América Latina, pasando por África, con Xi al timón China se ha convertido en la única superpotencia capaz de plantar cara a la hegemonía de Estados Unidos, que ahora se resquebraja.

Tensión militar
Pero, aunque China afirma orgullosa que no ha intervenido en ninguna guerra desde la breve invasión de Vietnam en 1979, lo cierto es que, con Xi al mando, el presupuesto de Defensa y la ambición por modernizar el aparato bélico del país han aumentado considerablemente, de forma proporcional a la tensión militar con sus vecinos ha aumentado considerablemente. Sobre todo, en los mares del Sur y del Este de China, donde Pekín se ha enfrentado con países como Japón, Taiwán -quizá el territorio que más sufrirá di Xi se eterniza en el poder-, Filipinas -a la que una corte de arbitraje dio la razón-, o Vietnam. En esas aguas ha creado islas artificiales con fines militares, y en ocasiones las escaramuzas han tenido como protagonistas aviones de guerra y navíos de Estados Unidos.

Por todo ello, y en una decisión muy poco habitual, esta semana algunos personajes destacados de diferentes ámbitos han escrito cartas a los delegados de la ANP para que voten en contra de la medida propuesta por el Partido Comunista. «El límite de dos mandatos es la mayor y más efectiva restricción existente para evitar la dominación del Partido y del país por una sola persona. Eliminarlo nos dejará en ridículo frente a los países civilizados del mundo y supondrá nuestro regreso al poder imperial», escribió el periodista Li Datong. «Es volver a la era de Mao», criticó el sociólogo Li Yinhe. «Es una traición al pueblo», sentenció la empresaria Wang Ying.

Da igual. Los delegados votarán a favor la semana que viene. Solo en una ocasión han mostrado descontento con una propuesta -la construcción de la presa de las Tres Gargantas- y la oposición no fue suficiente para detenerla. Así que lo mejor será acostumbrarse a la figura de Xi Jinping, porque continuará al frente de China durante mucho tiempo. Lo saben las tiendas de souvenires, que a la mercadotecnia con el rostro de Mao han sumado astutamente la del nuevo emperador chino.

 

EN CIFRAS

 
Mao Zedong
1949-1976
Promovió el culto a su persona y puso en marcha la Revolución Cultural, que produjo decenas de miles de muertos.
 
Deng Xiaoping
1978-1989
Emprendió la liberalización económica socialista y autorizó la brutal represión de la plaza Tiananmen en 1989.
 
Jiang Zemin
1993-2003
Su gestión política en Shanghái le catapultó al liderazgo en Pekín. Abrió el país al exterior y mostró preocupación social.
 
Hu Jintao
2003-2013
Representó la transición hacia líderes más tecnócratas. Presidió una década de constante crecimiento económico.
Data noticia: 
Dilluns, 5 Març, 2018
Tipus: 
Altres notícies