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HOY.ES: «Temo que el movimiento tibetano no pueda mantenerse pacífico»

HOY.ES: «Temo que el movimiento tibetano no pueda mantenerse pacífico»

HOY.ES: «Temo que el movimiento tibetano no pueda mantenerse pacífico»

15.02.13 - 00:14 -

ZIGOR ALDAMA | DHARAMSALA.

FOTO: Chokey exige un mayor compromiso a la comunidad internacional para resolver el conflicto. :: Z. ALDAMA

  • Considera el centenar de inmolaciones contra la represión china como «una expresión extrema de patriotismo»
  • Tenzin Chokey Secretaria general del Congreso de la Juventud Tibetana

«El Dalai Lama es ahora sólo un líder espiritual. Por eso tenemos libertad para proponer otro modelo»
«Veo las grietas que hay dentro del país y recuerdo ejemplos como los de la URSS y Timor Oriental»

A Tenzin Chokey le aterra acceder a su cuenta de Facebook. Es la vía por la que le llegan las noticias de compatriotas que deciden inmolarse en protesta por la represión que sufre el pueblo tibetano a manos de China. El miércoles recibió así la fotografía del joven que decidió prenderse fuego en Katmandú, Nepal, coincidiendo con el centenario de la proclamación de independencia. Ya van cien como él desde 2009. De ellos, 83 han muerto. «Es una expresión extrema de patriotismo y de frustración», argumenta la secretaria general del Congreso de la Juventud Tibetana (TYC). La suya es una controvertida organización política establecida en la ciudad india de Dharamsala que, aunque venera al Dalai Lama, critica abiertamente la política del líder espiritual.

Conocido como la 'vía intermedia', el sistema que guía a la Autoridad Central Tibetana -el Gobierno que se exilió en Dharamsala tras la ocupación del gigante asiático- busca la integración de Tíbet en China dentro de los parámetros de la Constitución que rige el país comunista y sin poner en entredicho la soberanía de Pekín sobre 'el techo del mundo'. Sin embargo, el TYC considera que «después de medio siglo, se ha demostrado que esta vía no funciona».

-Ustedes abogan por una independencia sin cortapisas.
-Sí. Creo que hay razones históricas y culturales de sobra como para justificar el derecho de Tíbet a un Estado propio.

-El Dalai Lama, sin embargo, ha reiterado que el objetivo es una «autonomía genuina», al estilo de Hong Kong o Macao.
-El Dalai Lama es, ahora, únicamente un líder espiritual. En 2011 decidió ceder todo el poder político al primer ministro, Lobsang Sangay, que es elegido democráticamente. Por eso, ya tenemos libertad para proponer modelos diferentes al que acuñó él. Nosotros colaboramos con el Gobierno, pero esperamos que cambie de objetivo y sea más ambicioso.

-En la coyuntura actual, con una China cada vez más fuerte, ¿no cree que es una estrategia suicida?
-En ocasiones pienso en la fuerza de la superpotencia china y desespero, otras veces veo las grietas que hay dentro del propio país, como la corrupción y el desencanto social, y recuerdo ejemplos como los de la Unión Soviética o Timor Oriental. Nuestro objetivo no es una utopía. Necesitamos, eso sí, mayor implicación de la comunidad internacional.

-Pekín les considera una organización terrorista que está incitando las inmolaciones en una muestra de integrismo religioso.
-No es cierto. Nosotros no alentamos las inmolaciones. No somos quiénes para juzgar a unas personas que deciden poner fin a su vida antes de que lo haga China. Y las estadísticas demuestran que no son integristas sino gente normal. Hay monjes, sí, pero más de la mitad no tienen conexión alguna con la religión.
Fracaso de la propaganda

-¿Qué les lleva a prenderse fuego?
-Hay dos razones principales: el rechazo total a la ocupación china, y la desesperación a la que les llevan los abusos que sufren a diario a manos de las fuerzas de seguridad. Es su forma de mostrar amor por el país. Y la mayoría son jóvenes -algunos, incluso, menores de edad-, la media está en 25 años, un hecho que demuestra el fracaso de la propaganda china bajo la que han crecido, que pretende convencer a los tibetanos de que el comunismo los ha liberado del feudalismo. Yo siento un dolor inmenso cada vez que recibo noticias sobre una nueva inmolación, pero comprendo las razones que llevan a ello y no está en nuestra mano evitarlo. Podemos discutir sobre si funciona o no, pero no sobre si está bien o mal.

-A juzgar por las críticas y por el reducido impacto que tienen en el extranjero este tipo de acciones, no parece que ayuden mucho a la causa tibetana.
-No se debe determinar su utilidad por el impacto que tienen en el exterior, sino por lo que han logrado en Tíbet. Las inmolaciones han unido al pueblo. Antes había muchas luchas internas, pero ahora hemos hecho piña. Hay personas que han decidido no volver a pelear nunca con los de su propia etnia para ganar fuerza. Y es evidente que el Gobierno chino se encuentra en una posición muy incómoda porque pierde el control. Ahora los soldados no llevan fusiles, sino extintores.

-Habla de etnia y de religión. ¿Buscan un Estado basado en esos dos pilares? ¿Permitirían a los chinos que llevan viviendo tiempo en Tíbet votar en un hipotético referéndum de autodeterminación?
-Por supuesto que no podrían votar. Son emigrantes que Pekín envía para diluir la identidad tibetana, y ni siquiera están a gusto en Tíbet. Van únicamente para hacer dinero y se marchan al cabo de poco tiempo. No es su hábitat. Creemos en un Tíbet para los tibetanos.

-Usted, sin embargo, ha nacido en India y jamás ha pisado Tíbet. ¿Qué legitimidad cree que tiene, lo mismo que un Ejecutivo en el exilio que nunca ha sido votado por los ciudadanos, para decidir el futuro de ese territorio?
-Es cierto que, en el sentido más estricto, el Gobierno en el exilio no tiene legitimidad alguna en Tíbet. Pero estoy segura de que, si pudiesen, los tibetanos votarían por él. Buscamos un Estado basado en la etnia, y existe en nosotros una conexión inexplicable con nuestra tierra que nos une allá donde estemos.

-¿Algo así como lo que sucede con Israel, tierra prometida del judaísmo?
-Es algo que me he preguntado muchas veces, pero creo que no, no es lo mismo. Yo he crecido con las historias que me contaban mis padres y mis abuelos sobre Tíbet, de donde tuvieron que huir. Era su tierra, y cada Año Nuevo dicen «este año regresaremos». Lo que hay allí es una ocupación militar. Yo, aunque he nacido en India, no soy india. Ni siquiera tengo esa nacionalidad. Soy tibetana. Y espero inculcarle ese sentimiento a mi hijo.

-¿Qué cree que sucederá cuando muera el Dalai Lama?
-Puede suponer un punto de inflexión importante. De hecho, temo que el movimiento tibetano no pueda mantenerse pacífico por mucho tiempo. Nosotros abogamos por la no violencia, pero China ejerce una presión cada vez más brutal. Ahora va contra las familias de quienes se inmolan y premia a los informadores. Busca enfrentarnos en todo momento. La situación es extrema y todo tiene un límite.

Data noticia: 
Diumenge, 17 Febrer, 2013
Tipus: 
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