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Expotural: Bendición del agua entre indígenas

Expotural: Bendición del agua entre indígenas

JOSÉ ESCUDERO RAMOS
MADRID, 11 DE NOVIEMBRE DE 2018
(texto original web Revista IMO)

 

 

 

El jueves 1 de noviembre pudimos asistir a Expotural, la Feria de la Naturaleza, el Clima y el Turismo Sostenible que ha tenido lugar en IFEMA entre el 1 al 4.

He de decir que cuando dejas fluir, la vida te regala momentos preciosos, mágicos, que incluso los podemos ver como auténticos milagros.

Desconocía la feria Expotural,  fue justo el fin de semana anterior en otra feria, en Marbella, a la que me invitaron a última hora, como la conocí a través de Edtih, mi nueva amiga y alma afín. Intenté acreditarme como prensa pero cuando lo intenté ya habían cerrado el plazo de inscripción,  por suerte Edith me consiguió dos invitaciones.

Llegamos a la hora citada y pasamos directamente al lugar dentro del pabellón 6 donde se va a celebrar la ceremonia de bendición del agua para lo que han traído a indígenas de 16 etnias diferentes de los cinco continentes, que junto a un par de decenas de monjes y lamas budistas, hicieron una preciosa ceremonia de bendición.  Quien dirige la bendición es el lama Thubten Wangchen, director de la Casa del Tíbet y parlamentario activo del Parlamento Tibetano en el Exilio.

Nos situamos lo más cerca que podemos de la mesa que hará de altar de ceremonias, un poco lejos, separados por varias filas de asientos tanto para los indígenas como para algunos invitados especiales. Estamos un rato de pie esperando a que llegue la comitiva presidida por los sonidos estridentes de las trompetas tibetanas.

Mientras esperamos observo la situación y pongo un poco de mente. ¿Cómo es posible que hagan una ceremonia de bendición del agua para concienciar del problema del medio ambiente, trayendo en medios de transporte que contaminan a tantas personas? Veo que hay personas trajeadas, posiblemente invitados por las marcas que patrocinan el evento, separados por cuerdas de seguridad para diferenciar a los VIPS del resto del pueblo. Comienza la ceremonia y hablan de que todos somos uno, todos somos agua y frases muy espirituales que no me cuadran con la separación y división de personas por zonas y la presión que ejerce el servicio de seguridad por intentar evitar que pongamos el pie más allá de una línea.

Los presentadores dicen unos discursos que enmudecen, eso sí la mayoría de los invitados, ya sean vips o no, e incluso algún monje o indígena,  se pasan el rato grabando o haciendo “directs” con sus móviles, viviendo una realidad a través de una pantalla digital. Todo muy curioso y para meditar.

Comienzan las presentaciones de todos los indígenas, y ahí es cuando empieza la magia. Etnia a etnia, van subiendo al altar para dejar un poco del amor de los pueblos que se unen por una causa, es ahí cuando mi mente deja de juzgar y entiende el ritual y el sacrificio. Esto no lo hacen por lanzar un mensaje al aire, esto lo hacen por mí, para que yo pueda sentir y contarlo, para que mi mente viaje a cada rincón del planeta y sienta ese agua correr por mis venas. Trasciendo y me veo recogiendo el agua de ese río, ese océano o ese mar. Siento ese amor del indígena que, una vez más es visible, que tiene cuerpo, que tiene voz. Siento el agua mezclarse en la vasija donada por el Dalai Lama especialmente para este día…y me da igual si el personaje es su santidad, es ermitaño o ejecutivo, porque hoy Somos Agua, somos Uno, Somos Madre Tierra.

Pasan por el altar a vaciar sus botellas, o recipientes, indígenas de las tribus Masai de Kenia, Mapuches de Chile, tucano de Brasil, Wanchú de Colombia, Sherpas de Nepal, Inca de Perú, Aborígenes de Australia, Azerí de Irán, Wayú de Colombia, indios Hopi de Estados Unidos; Tenganan de Bali, Xochimilca de México, Boruca de Costa Rica, Inuit de Groenlandia, Sami de Finlandia y Bereber de Marruecos.

Todos ellos depositaron el agua, parte de nosotros, en ese precioso recipiente y para terminar la ceremonia el lama Thubten Wangchen la bendijo con un canto espiritual tan lleno de energía que mientras lo escuchaba, brotaba fuego de las palmas de mis manos.

Emocionado por lo vívido comprendí que nada es casual, que tenia que estar ahí ese día, en ese momento por eso me invitaron a la feria de Marbella la semana anterior, pudiendo dormir en la playa, despertando a las 5 de la mañana con el hermoso sonido de las olas de fondo, acurrucando mi alma, preparándola para esta ceremonia. Somos agua, no he de juzgar a otras gotas de agua ni por el color ni por el formato de sus botellas… ni poner mente, solo dejar fluir como esa agua en los caudales fluviales de la vida…ese tan repetido río de la vida es el que ha traído hasta aquí y por ello doy gracias.

Tras esa hermosa experiencia recorro el pabellón seis como flotando, veo stands de comunidades autónomas, de turismo sostenible… me llama la atención el stand de Aire Libre donde ofrecen la posibilidad de apadrinar un árbol en lo que llaman El bosque de Argán. Para ello tienes que dejar tus datos y ellos plantan un árbol con tu nombre en Marruecos, como símbolo de la sostenibilidad y hermanamiento entre pueblos. Los árboles, plantándose en su hábitat,  crean el vínculo entre la naturaleza y los padrinos y madrinas. Una idea que deja unas fuertes raíces de conexión con la naturaleza.

Seguimos paseando por la feria, pudimos conversar con algunos de los indígenas invitados a la ceremonia de bendición del agua, toda una oportunidad de conocer culturas alejadas geográficamente pero unidas a través de la espiritualidad.

Desde que, hace años, leímos un artículo que decía que los indios Hopis eran los seres más felices del planeta, nos han llamado mucho la atención, así que al tener la posibilidad de conversar con uno de ellos no dudamos ni un segundo y nos fuimos a presentar. Le preguntamos y nos dijo que ciertamente en un pasado, cuando los nativos estaban más arraigados a la Madre Tierra, si eran más felices pero lo que llaman progreso les ha alejado de la espiritualidad que tenían sus ancestros. Me contó que ellos viven en Arizona, en una pequeña ciudad situada a lo alto de un valle, aquí es donde cultivan las tierras. Hacen ceremonias a sus dioses para agradecer los cultivos, el agua, la tierra. Nos ha invitado a ir a ver alguna de ellas. Ruben, así se llama, vino con su hijo. En su stand vende artesanía y unas maracas con los colores de las cuatro razas del planeta, blancos, rojos, negros y amarillos y unos dibujos que simbolizan el planeta tierra y el agua que a todos nos une. Me quedé con ganas de comprar uno pero me resultó algo caro.

También pude hablar a Higinia la representante de los Borucas de Costa Rica, pertenece al Consejo de Cultura que sirve para fortalecer las raíces ancestrales de los Borucas. También pertenece al Tribunal Constitucional de los Indígenas, solo hay tres tribunales de indígenas en Costa Rica, se rigen primero por sus leyes y luego por las del estado. A ellos les rige el amor y el respeto hacia los vecinos y los compañeros. Higinia es una mujer muy implicada en su comunidad y en que no se pierda la memoria de sus ancestros.

Nos contó que los niños se están alejando de la esencia del ser por culpa de los aparatos electrónicos, tal cual está pasando aquí. Es un problema global, estamos haciendo que los niños vivan realidades paralelas creando vidas virtuales mientras se alejan del aquí y del ahora, pero ¿cómo no lo van  a hacer si es lo que ven de los mayores?

El agua todavía sigue siendo pura en su aldea pero no en la ciudad. Recuerda que ella corría descalza por la tierra y nos dice que sus ancestros vivían 80 o 90 años, ahora  mueren de enfermedades a los 40 años. De niña comía frutas agarradas directamente de los árboles, quitaban la cáscara que caía al suelo y servía de abono, ahora los niños comen productos poco sanos y embasados, el envoltorio se convierte en basura. En España podemos comprar mandarinas peladas embasadas con materiales contaminantes, envoltorios innecesarios pues la naturaleza da el más sostenible envoltorio que existe.  Pero algo se está haciendo mal. La alimentación, la contaminación, el estrés. Higinia nota cuando va a la gran ciudad, a San José, no puede vivir allí, demasiada prisa. Cuando regresa a casa, cuando cruza el Cerro de la muerte, ya encuentra otras energías, más puras, más conectadas con la naturaleza y eso es lo que pide, que volvamos a conectarnos con la esencia de la naturaleza como los ancestros hicieron. Tenemos que cuidar nuestra casa nos dice. Y nos da unos consejos: que caminemos descalzos, que juguemos con los juegos de antes, que tengamos más contacto humano, que juguemos en la “quebrada”, el río que atraviesa el pueblo, ahora es mucho más pequeño que antes y que cuidemos de nuestros ancestros, de nuestros mayores. Los baruca viven en montaña a 1.500 metros sobre el nivel del mar. Sus ancestros iban al mar a recoger lo necesario para comer o para  crear medicinas naturales o tintes para las telas.  A pesar de ser de montaña conocen bien la naturaleza que sana, tanto del mar como de montaña.

Para terminar nos contó unas palabras que recuerda de su abuelo ¿para qué cazar tanto si con un animal comen muchos? Cada vez que cazaban se pedía permiso a los Guardianes de las montañas y trataban a los animales con todo respeto, no querían que se desperdiciase la comida por lo que compartían con las personas que no tiene posibilidades de salir a cazar, como los ancianos, mujeres embarazadas o mamás.

William Njapito Kumum, el joven Masai de Kenia, nos ofreció un descuento en su Resort de turismo de safari fotográfico si lo mencionaba en el artículo, así que ya podéis curiosear su web www.kandilicamp.com y planificar vuestro próximo safari con él y no lo menciono por el descuento, es que durante la conversación que mantuvimos me pareció un ser que tiene mucho que aportar. Le dije que podría mencionar su resort pero que no necesito su descuento porque no creo que pueda ir a Kenia. Entonces me dijo “Visualiza que estás ahí. Visualiza pues tu mente crea realidades, es cómo yo he podido venir a España”. Todo un discurso de los autores de libros de autoayuda, pero dicho directamente desde el corazón de África. También me comentó que viven amando a la naturaleza y muy conectados con ella.

También hablamos con Foojan, la mujer azerí cuyos ojos eran como perlas del mar Negro, el brillo que tienen delatan a una mujer espiritual. Pregunté por cómo se vive la espiritualidad en Irán y me dijo que muy a escondidas pues se tiene miedo de expresar sus ideas y se está perdiendo ese lado espiritual. Me acordé de un movimiento pacifista que se creó hace unos seis años, Israel loves Iran, ella no lo conocía y se emocionó cuando le mostré las  reacciones del mensaje de un israelí que grabó un vídeo diciendo un mensaje de amor Israel ama a Irán y que fue devuelto por un iraní Iran loves Israel, y luego llegó Israel Loves palestinian en una campaña antipolíticos que quieren generar odio pero que en verdad, el ciudadano de  pie quiere vivir en paz y poder amar. Cuando le enseñé estos mensajes pude apreciar como sus ojos se humedecían.

Nathan Patterson es aborigen de Australia, le vi mientras pintaba un tipo de mandalas muy coloridos, una selección de ellos decoran unos calendarios que vendió en una tarde. Puedes ver su arte en www.ilukadesigns.com.au.

Hablamos con Koyott, indígena Xochimilco, nos dice que los indígenas “somos Naciones Madre de México y las tierras del ser, no hacíamos sacrificios, eso es una leyenda urbana para desprestigiar nuestras civilizaciones”. Somos 9 millones de nahualhablantes en México. Es el tiempo de reconstruir todo lo hermoso que tenemos, la permacultura es una forma de construir nuestras casas de forma sostenible”. En resumen es crecer en el presente recuperando lo mejor de nuestros ancestros para construir un gran futuro. Hemos quedado con Koyott en organizar una meditación por la paz a la misma hora en México y en Madrid. Una meditación sobre la responsabilidad y la gratitud para hermanar España con la América Latina, siendo conscientes de que no hace falta hablar de odios ni perdones, hay una responsabilidad de que todo lo que han hecho nuestros antepasados, ya sea bueno o malo, ha servido para que Koyott y nosotros podamos estar hablando  en este momento gracias a todo lo vivido anteriormente. La meditación de la gratitud y la responsabilidad de nuestras vidas pasadas, nuestros ancestros y nosotros. Somos lo que somos ahora, gracias a toda la historia de la humanidad. Meditaremos el día adecuado y lo organizaremos.

Para terminar, hablamos con Angélica, indígena wayuu de Colombia. Viven en la provincia de la Guajira, sobre el mar Caribe, cerca de Venezuela. Angélica trajo bolsos, vestidos  muy típicos de su zona y otras artesanías a muy buen precio, su paraeta estaba llena de colorido. Nos comentó que los Wayuus viven en una zona muy extensa y muy desértica, solía haber dos ríos con los que nutrían de agua las aldeas pero se ha construido una presa y ha hecho que el caudal de los ríos de reduzca.

Estuvimos hablando de la posibilidad de colaborar con algún proyecto con el que facilitar agua a sus pueblos. Esperamos poder hacer algo hermoso por el medio ambiente, por los Wayuus y por la humanidad, pues de eso se trata. Todo bien que hagas a tu prójimo lo haces a toda la humanidad y aquí, como se dijo en la ceremonia de la bendición del agua, somos todos Uno, entonces lo que hagamos por los wayuus, lo hacemos por nosotros.

Como decía Higinia, aunque no hablemos el mismo idioma, nos entendemos perfectamente porque no hablamos con la mente, nos entendemos con el corazón.

Las energías vividas en esta feria han sido muy especiales, esperamos poder sentirlas eternamente.

Somos agua, dejemos que todo fluya.

Gracias por tan buen hacer.

 



Data noticia: 
Dimarts, 13 Novembre, 2018
Tipus: 
Notícia sobre la Casa del Tíbet