El rostro como seña de identidad de los refugiados tibetanos en Nepal

Público.es a través de EFE

Para la pontevedresa Andrea López Iglesias (1986), la exposición pictórica que presenta estos días en Nepal es mucho más que el rostro de catorce niños refugiados tibetanos: “No tienen papeles y quería darles una identidad”.

La exposición “Nuevas Caras de Tíbet” se ha hecho un hueco en la galería más conocida de Katmandú, Siddhartha Art Gallery, donde estará hasta el día 24, con retratos de niños refugiados tibetanos en Nepal junto a textos basados en testimonios de familiares.

“Retrato a la nueva generación, pero quien habla es la antigua. Es una forma de ver el futuro que tendrá la historia de los refugiados”, explicó a Efe la pintora gallega.

Miles de tibetanos han llegado huyendo a Nepal desde 1959, el año en el que su líder espiritual, el dalái lama, se exilió de su tierra tras denunciar la “ocupación” china, pero el país del Himalaya no reconoce su existencia ni les da papeles desde hace veinte años.

“Soy una artista, no una política. Que se use con fines políticos es lo último que quiero. El único criterio para elegir a los niños retratados era que el miembro más viejo de la familia hubiera vivido en Tíbet”, dijo López Iglesias.

Su interés, añade, es reflejar la situación de los niños, refugiados en un asentamiento tibetano de la turística ciudad de Pokhara, en el centro de Nepal, donde Iglesias pasó siete meses entre septiembre de 2011 y abril de 2012.

“Tras identificar a las familias, reuní las historias y fotografié a los niños”, contó la artista.

Los retratos son de estilo expresionista, con colores vivos y trazos rotundos, con vistas a reflejar “la personalidad, la angustia y los pensamientos” de los refugiados, según mantiene la artista en el comunicado explicativo de la exposición.

Las historias tienen tanta o más fuerza que las pinturas, como ocurre con la que cuenta Ngodup Khechok, de 73 años: era apenas un monje adolescente cuando quedó arrestado por las fuerzas chinas, hasta que pudo escapar junto a algunos colegas.

Khechok, como han hecho muchos refugiados tibetanos, tuvo que cruzar el desierto alpino de Tíbet y el Himalaya a pie o montado a caballo, y hoy cree imposible poder cumplir su deseo, que es volver y visitar a sus parientes.

Hay, según distintas estimaciones, entre 15.000 y 20.000 tibetanos refugiados en Nepal.

Su situación no es ni mucho menos envidiable: hay en la exposición quienes denuncian la precaria situación de sus asentamientos, en el temor de que las autoridades nepalíes, siempre prudentes en la relación con vecinos chinos, les expulsen algún día.

Los testimonios, originalmente tomados en lengua tibetana, fueron luego reproducidos en inglés y castellano por la barcelonesa Alba Solà García (1986), y las dos españolas planean ahora editar un libro con el proyecto literario y pictórico.

El Gobierno nepalí considera a los tibetanos llegados en las últimas décadas “extranjeros ilegales”, pero los niños de las pinturas, sobre todo los más pequeños, no saben con exactitud qué implica el título que explica su situación.

Los niños estudian en una escuela tibetana situada en el asentamiento, pero como carecen de documentación no pueden pasar a la enseñanza secundaria, donde se requiere un registro mínimo.

“Tienen sueños. Uno decía que quería jugar al fútbol cuando creciera, pero no sabía si hacerlo para un equipo tibetano o para uno nepalí”, contó Iglesias, que se licenció en Bellas Artes por la Universidad de Salamanca.

“Otra chica de más edad me dijo que quería ser enfermera o doctora, pero también sabía que esto no será posible”, añadió.

Entre sus influencias, Iglesias, que con anterioridad había trabajado en Nueva York y México, cita la del conocido artista español Bartolomé Esteban Murillo y las de los expresionistas alemanes.

De la exposición neoyorquina “Lugares visitados, niños recordados” sacó como conclusión que podía sentirse cercana a los críos, y ahora espera “poder contar historias de gente en situación similar, donde los niños no tiene oportunidades de futuro”.

“Nuevas caras de Tíbet” llegará en septiembre, e Iglesias trabaja también para exponerla en Barcelona y Londres.

Manesh Shrestha.

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