El alto precio que paga Europa por su amistad con China

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Bastan sólo dos cumbres para poner de relieve el posible precio del apoyo de China a la renqueante situación de Europa. En 2008, una embravecida China canceló su reunión anual con la UE, hecho considerado como un desaire político, ante el encuentro del presidente francés Nicolas Sarkozy con el Dalai Lama.

En esta ocasión, son los europeos los que han pospuesto el encuentro, en principio previsto para el martes, porque ya están bastante ocupados intentando abordar una crisis de deuda que va in crescendo.

Lo que probablemente no estuviera claro hace tres años, aunque ahora parezca evidente, es que el equilibrio de poder está cambiando. El fuerte nivel de endeudamiento de la UE, y la boyante economía de China ponen de manifiesto este cambio. El primer ministro chino, Wen Jiabao y otros dirigentes del país han realizado varias visitas por el continente prometiendo apoyo a Grecia, España e Italia cuando lo requieran.

Pero, más allá de unos pocos datos inconclusos, y de los comentarios de las autoridades europeas que tienen especial interés en hablar de la reactivación de las compras, no queda claro que las compras de deuda europea por parte de China se hayan incrementado. El State Administration of Foreign Exchange, el organismo administrativo encargado de elaborar normas y reglamentos que rigen las actividades del mercado de divisas, y la gestión de las reservas internacionales, da más importancia a la seguridad que a la rentabilidad.

No parece probable que el gigante asiático vaya a comprar una cantidad importante de la deuda emitida por los países europeos con más problemas. Si a Europa le interesa la liquidez de China, tendrá que colocar activos reales, o concesiones políticas, encima de la mesa. El proceso ya está en marcha. En julio de 2010, la naviera estatal china Cosco, firmó un acuerdo de alquiler a 35 años de un puerto griego por 4.200 millones de dólares (3.022 millones de euros). Para una gran nación comercial, pocas cosas hay más estratégicas que un puerto.

Aparte del comercio, China tiene otros intereses con Bruselas. La designación como economía de mercado según las reglas de la Organización Mundial de Comercio podría encabezar la lista –ésta limitaría la capacidad de Europa para tomar medidas contra los chinos en materia comercial–. Wen ya ha dejado caer que el apoyo de China a una Europa endeudada estaría vinculado a un cambio de actitud de la UE en este sentido.

Una posibilidad más lejana sería el final del embargo europeo sobre la venta de armas a China, vigente desde hace 22 años, tras el derramamiento de sangre de Tiananmen en 1989. Pero las críticas de Europa hacia China por su trayectoria en materia de derechos humanos son menos fuertes ahora. La prensa europea llegó incluso a publicar a finales de 2010 que la jefa de la diplomacia, Catherine Ashton, había animado a los estados miembros a reconsiderar el embargo.
A medida que avance la crisis de la deuda europea, y que la presencia de China siga afianzándose, incluso lo antes impensable podría ponerse sobre la mesa.
Lea el artículo original publicado en The Wall Street Journal Europe target=”_blank”>The End of Triple-A?

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